“Soy invencible mentalmente”, dice Víctor Mesa

“Soy invencible mentalmente”, dice Víctor Mesa
Asegura que Cuba ganará una edición del Clásico Mundial de béisbol.
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H. Romo Sigler, especial para http://www.beisbolcubano.cu

Matanzas (18 mar).- ESTAR a su lado es sentir un volcán en erupción. Nada ni nadie queda impasible ante su presencia. Aún sin hablar todo gira en torno suyo. Si usted, aunque no sea pelotero, desea que en algún evento público lo tomen en cuenta, por favor no se acerque a la Explosión Naranja-Roja. Si me desoye se verá relegado, irremisiblemente, a papeles de reparto.

Nació con la polémica como compañera y la virtud de despertar odios desenfrenados y amores a toda prueba. Como jugador que encantó multitudes estafó 588 bases, segundo de todos los tiempos, pisó la registradora en mil 282 oportunidades, impulsó a mil 174 compañeros hacia el plato y conectó 273 vuelacercas, promediando 318 de average en 19 series.

¿Cuántos estadios se repletaron aspirando a ver al número 32 de Las Villas atrapar la pelota, después de realizar un sprint, en el mejor estilo de Usain Bolt? ¿No puso cientos de veces a millones en 3 y 2? ¿Qué combinación peculiar de elegancia y carisma le permitieron ganar desde 1983, por tres años consecutivos, los premios anuales de la Revista Opina, como el pelotero más popular del país?

Posee varios récords, hasta aquellos que parecen dados a los que compiten por computadora y no en un terreno real. Como atleta lo expulsaron al conectar un jonrón. Como manager lo mandaron a las duchas cuando discutía las reglas, antes de comenzar el partido. Nada, pese a todo, menguó su luz.

Verlo desandar las praderas, o surcar como un rayo las almohadillas, era un acto de cubanía. Miles de personas, contemplando esas escenas, notaban en este hombre sensacional una mezcla de la poesía de Guillén, con el Songo de Los Van Van. ¿Qué habría exclamado Don Fernando Ortiz si lo hubiera conocido? ¿Robarse el home, ante la mirada impávida del lanzador, no era la simbiosis caribeña de la Comparsa de Lecuona, con la Jungla de Lam y la pieza Manteca de Chano Pozo?

Trabajó para el público cuidando contenido y forma. Fue el mejor profesor a la hora de impartir conferencias magistrales sobre la diversión en el terreno. ¡Qué triste que estas continúen siendo asignaturas pendientes para tantos deportistas renombrados!

¿Cuántos años transcurrirán para que veamos a alguien que se le asemeje? Hasta sus más acérrimos rivales reconocen que es poco probable que se repita, de ningún color, un estallido como el suyo.

Eneida, su insustituible ángel de la guarda, coordinó complaciente este encuentro. Ella es desde hace más de veinte años compañera, doctora y talismán para Víctor Mesa Martínez.

El intercambio, acentuando la aureola simbólica que no lo abandona, se produjo exactamente la mañana en que festejamos los 50 años de la pelota revolucionaria.

Es inevitable que dediquemos la mayor parte del encuentro a su responsabilidad presente. No podemos, sin embargo, dejar de interrogarlo sobre aspectos inherentes a su trayectoria como atleta, ¿qué lo condujo a vincularse a este deporte?

-La inspiración del barrio. Era prácticamente lo único que hacíamos al regresar de la escuela. Tenía seis años, pero como era tan inquieto practicaba con los más grandes. Cuando los capitanes comenzaban a pedir, me ponían de primero porque era muy rápido y con cualquier batazo llegaba a tercera.

¿Qué jugador le impresionaba por la televisión?

-Silvio Montejo lo hacía todo espectacularmente. Cuando se tiraba de cabeza para capturar la pelota yo me emocionaba. Quería ser como él, debido a que todo el mundo lo conocía y donde quiera lo paraban para saludarlo. Muchos años después, pensando en aquella época, me di cuenta que si te entregas sin reservas los sueños se dan.

Su primera Serie no fue feliz como las demás, ¿qué arreglos hizo?

-Me había ilusionado mucho con ese torneo. Me sentía un hombre de 300 y solo quedé en 231 de average. Fui colocado como cuarto bate y nada más despaché 4 jonrones. Lo positivo fue que multipliqué mil veces mis ganas de triunfar. Trabajé sin descanso. No me dediqué a lamentarme. Conversé muchísimo con los técnicos, incluyendo los que me habían enseñado antes, como Pablo García y Pedro Moré. No perdí tiempo en justificaciones. Invertí todo mi esfuerzo en superar las deficiencias. Cuando me preguntaban mis amigos, por qué me lo tomaba tan en serio les contestaba “Soy invencible mentalmente”.

Convirtió en obra maestra el robo de home. ¿Qué sentía al escuchar, luego de correr como una exhalación, al árbitro cantando safe? ¿Estafar esa base se aprende o es un destello natural?

-Eso es indescriptible. Constituye más un instinto, un olfato que algo planificado. No es una cuestión técnica, ni se alcanza siguiendo esquemas preconcebidos. Deben darse circunstancias especiales. El público tiene que estar en complicidad contigo. Uno no arranca en la cara del lanzador con las gradas vacías.

¿Cómo fue la primera vez en el Latino?

-De lo más gracioso. Confluyeron los factores que te explicaba pero no era mi intención realizarlo. Esa noche fue la afición quien tuvo la última palabra. Al llegar a tercera, con dos outs, empezó un coro estruendoso de payaso, payaso, payaso. En ese segundo fue que pensé salir. Primero adelanté un poco y vi que la defensa no reaccionó. Lo volví a hacer y se quedaron nuevamente parados. Entonces, sin titubear, despegué con todo.

¿Como manager sobre qué ha basado su estrategia? 

-El que considere que estos seis meses alejado de la familia es un entretenimiento, no puede jugar en mi equipo. Un campeonato no se gana en el séptimo partido del play off, sino en cada jugada de todos los choques. Hay quienes me plantean que le doy demasiada connotación a un fildeo o a una pelota a la que no se le hizo swing. Como me siento un educador les respondo que no aflojaré, ni me haré el de la vista gorda ante lo incorrecto. Cada vez que me ponga los spikes saldré al terreno a luchar sin cuartel por la victoria.

¿De qué directores aprendió más?

-Incorporé lo bueno de todos. Mi sistema es una síntesis de lo aprendido con José Miguel Pineda, Eduardo Martín, Jorge Fuentes, Higinio Vélez, etc. Esa es la médula; el resto proviene de los estudios permanentes que realizo sobre la pelota a nivel mundial. Esta es mi profesión y me preparo con seriedad para encarar sus retos. No me es ajeno ningún béisbol.

A menudo sustituye a jugadores que no hicieron lo adecuado, ¿lo ve como algo natural y necesario?

-El día que deje de actuar en consecuencia con mi filosofía pedagógica sobro dentro del dugout. Mis muchachos saben bien como actúo con ellos en cualquier circunstancia. Nada que los afecte o preocupe me es indiferente. Para aclararles algo nunca me falta tiempo. En el juego lo que la afición aprecia es una prolongación de ese sistema. Pienso que somos superficiales si miramos más cómo gesticulo, que la razón que motivó el señalamiento. Muevo las manos también cuando felicito. Durante años he creído que la prensa debe ayudar más a desmitificar la crítica. Antes nos decían las cosas a nosotros, por su nombre, en el periódico. Aparecían las grandes jugadas y los errores, y el mundo no se caía.

¿Ha tenido problemas con atletas al terminar un partido?

-Jamás. Ellos saben que apelo a la vergüenza colectiva. Por supuesto que en un elenco provincial no todos son vanguardias, pero he logrado que sientan que creo en ellos. Esa es la razón por la que les exijo tanto.

¿En qué aspectos debe seguir mejorando como timonel?

-En todos. Conozco mis deficiencias y limitaciones. No se las revelo al adversario pero trabajo sin descanso para resolverlas. Esta responsabilidad no es de gente caprichosa. El que se prepare más, incluyendo cómo erradicar sus lagunas, sonríe de forma prolongada.

Eres el rey de la polémica, ¿cree que ésta ayuda a que los deportistas se desarrollen?

-Definitivamente. Hay que ponerle sal y pimienta al béisbol. Tenemos que discutir más; confrontar opiniones sin ofensas y con buenas intenciones, para que todos salgamos beneficiados. Otra cosa es el que te despelleja como si no fueras un ser humano. En eso la afición lleva ventaja. No se concibe un estadio sin polemizar. Entre los atletas y directores, hasta ahora, no ha sido igual.

¿Qué significa Cuba?

-Mi madre. Es la fuerza que en todo momento me estimuló a ser mejor. Siendo joven quería viajar para representarla en otros países. Después comprendí que tirándome contra las cercas de cemento, de cualquier instalación, también la defendía.

¿Qué valoración realizó al regreso de tierras aztecas, luego de brindar ayuda especializada a lo largo de tres años?

-Fue una experiencia bonita trabajar en ese hermano país. Ellos tienen buen nivel y poseen peloteros de gran futuro. Se trabaja con dinamismo; si bien se toman las cosas menos a pecho que nosotros. Me decían que los cubanos le dábamos a todo el carácter de vida o muerte. Fui testigo de los vínculos históricos existentes entre ambos pueblos. Todos los días se me acercaba alguien para hacerme saber su cariño por Fidel y Raúl. Cuando uno se encuentra lejos aprende a querer más lo que hemos hecho, viendo el respeto que nos tienen hasta los enemigos.

Aunque para algunos es apenas una decisión de meses, otros conocíamos de sus simpatías de siempre por la historia y calidad del béisbol en Matanzas. ¿De qué manera comenzó esta expedición, que lo ha hecho rescatar la pasión de los yumurinos por la pelota, tristemente abandonada durante las dos últimas décadas?

-Previo a mi designación para formar parte del colectivo técnico que trabajó con el equipo Cuba, impartí en Colombia una Clínica de Entrenamiento para peloteros juniors. Al regreso de Cartagena, donde estuve acompañado entre otros de Omar Linares, Julio Romero, Juan Manrique y Víctor Figueroa, la Dirección del Partido en Matanzas se me acercó para plantearme la misión. Les contesté que solo lo haría si me garantizaban el apoyo que demandaban los peloteros de esta novena. Añadí que estaba dispuesto a enrolarme en este experimento si cada cual acometía, sin justificaciones, la tarea concreta que le correspondiera. Sabía que estos jóvenes tenían talento pero esos atributos, sin el resto de las piezas del rompecabezas, apenas sirven para ilusionarnos. Cuando uno llega a mi edad comprende que si se asume un proyecto, tiene que ser con toda la responsabilidad del mundo. De lo contrario es preferible que permanezcas en la casa junto a la familia.

Hasta ahora la ecuación está resultando una pócima mágica. Por otra parte el Victoria de Girón se abarrota en cada presentación de los “Cocodrilos”; coronando un ambiente de éxtasis que se ha apoderado de toda la provincia, donde el tema que fluye con más intensidad en boca de todos, es la actuación de los “muchachos de Víctor”. ¿Esperaba esta avalancha de congratulaciones?

-Aunque durante mi carrera como atleta, y luego dirigiendo a Villa Clara, recibí infinidad de reconocimientos, te confieso que lo ocurrido me ha conmocionado. No pasa un instante, lo digo alejado de toda vanidad y también sin falsa modestia, donde no me colmen de múltiples agasajos. Por suerte tengo alguna experiencia en la materia y no voy a dejar que me aparten de mi objetivo concreto en este territorio. Si por algo me siento feliz, es porque los matanceros están demostrando que la pasión por esta disciplina jamás se extinguirá en Cuba; en la misma medida en que esa respuesta del pueblo nos obliga a los que tenemos que ver con el tema, a ejecutar cada asunto con la calidad requerida. En definitiva más importante que los propios resultados deportivos, es el hecho de que estamos contribuyendo a consolidar una estrategia integral de trabajo, que coloca a la pelota en su verdadera dimensión de espectáculo cultural.

¿En verdad dispone de armas secretas dentro de los entrenamientos, o simplemente esos comentarios son otras de las fabulaciones con que los admiradores de su trabajo tejen la leyenda que lo escolta?

-Ni utilizo pistolas ultramodernas para medir la velocidad, ni máquinas para lanzar bolas traídas de Japón, ni gimnasios de fuerza especiales, como opinan diferentes aficionados. Mi repertorio descansa sobre el trabajo, de campana a campana, dentro de las dos líneas de cal. Hace unas horas les dije en el meeting que yo no la cojo con nadie, porque en lo particular ningún pelotero me cae mal; pero la emprendo sin desmayo contra todo lo mal hecho. Tengo conciencia de que mi función no es congraciarme con mis alumnos, a partir de que los complazca incondicionalmente, sino exigir con rigor porque las cosas salgan bien. No tengo miedo en buscarme problemas, cuando se trata de combatir lo mal hecho.

¿Considera que Matanzas arribó a la madurez al barrer a su anterior escuadra de Villa Clara?

-Cada choque hace que escalemos un peldaño superior, dentro del organigrama que tracé para este año inicial de labor. No obstante estamos muy lejos de ocupar el sitio a donde debemos llegar, por eso no podemos regodearnos con los triunfos conseguidos. Nos falta interiorizar, por ejemplo, que en un elenco tiene que decidir cualquiera, independientemente del orden que ocupe en el line up. Aún les cuesta asimilar que una base por bolas constituye un hit, o que este juego no se gana con cuadrangulares ni ponches, sino con carreras y outs. Varios de nuestros bateadores se apresuran como si el éxito se alcanzara por tiempo.

Compartiendo en los días recientes con su conjunto aprecio que los muchachos mantienen una excelente disciplina, prestándole gran atención a los señalamientos críticos de los entrenadores.

-Dentro del alto mando todos halamos parejos. Ribeira y Alfredito García hacen lo suyo con los lanzadores, así como “Cheíto” en el bateo, Figueroa como preparador físico, o Mario Domeq en las líneas. Manrique y otros muchos especialistas también nos ayudan sin reparos. Algo similar les corresponde al personal médico que mantiene apta a la tropa ante cada nuevo desafío. Hace un momento les explicábamos que debemos eliminar deficiencias primarias que nos impiden despegar. Anoche nos hicieron un doble robo, más grave por la presencia de la televisión, con corredores lentos por una descoordinación de la defensa, incluyendo que el cátcher no soltó la bola. Ese percance se produjo debido a que no se anticiparon a una probable situación de juego. Al “estado mayor” le insisto en que nuestro sistema no está concebido para euforias efímeras.

Me tomo la licencia de preguntarle- es una opinión que como miles de aficionados hace rato vengo planteando- sobre su motivación por comandar la principal escuadra antillana. Creo que lo necesitamos al frente de nuestra representación en el venidero III Clásico Mundial, no por la actuación con los de la Ciudad de los Puentes, sino porque se lo ha ganado, después de estas nueve campañas como manager en la Series Nacionales, y sus múltiples victorias extra fronteras, en diversas categorías. ¿Piensa que le ha llegado la hora como capitán del trabuco de las cuatro letras?

-No vine a Matanzas buscando un trampolín para el team Cuba, sino a batirme por un provincia de una historia colosal, que increíblemente se convirtió, por razones que no me corresponde juzgar, en cenicienta. Como pelotero admiré a los conjuntos de estos predios y, junto a los Industriales, era uno de los adversarios que prefería, porque me compulsaban a jugar a tope. Ahora, te reitero, tengo la mente ocupada en no defraudar el cariño y la confianza que depositaron los matanceros en mí. Me reconforta que piensen soy uno de los entrenadores que, desde hace tiempo, acumula un currículo para ser tomado en cuenta; pero nunca me quitó el sueño esa posibilidad mientras estuve en Villa Clara, ni lo hará en este momento tan especial. Sobra decir que si los entendidos llegan a la conclusión de que hay que darme esa misión la recibiré, cargado de honor, como un soldado. Si de algo puedo presumir es de ser un patriota que ha defendido a capa y espada su revolución, en todos los confines del universo.

¿Qué temas debemos transformar en nuestro béisbol?

-Para mí lo primordial transita por la necesidad impostergable de topar sistemáticamente al más alto nivel. Tenemos suficiente inteligencia para encontrar opciones que nos permitan intercambiar con los peloteros de Norteamérica, Asia y el Caribe que es donde, además de nosotros, se concentra la calidad en esta modalidad competitiva. Esta etapa no tiene nada que ver con el espectro en que me desarrollé como atleta. Tengo una confianza absoluta en las convicciones del socialismo, así que no le temo a ningún tipo de intercambio. Sí, se me rompe el alma cada vez que nos roban a un joven que formamos con tanto sacrificio. Estoy seguro que podemos diseñar variantes donde, protegiendo los intereses estratégicos, garanticemos al mismo tiempo la inserción de nuestras figuras prominentes, en un horizonte cualitativamente superior. A lo interno no podemos postergar, una sola temporada más, las decisiones sobre la estructura óptima que exige la pelota doméstica.

¿Todavía experimenta ganas de salir a jugar?

-Ya no. Al principio pensé no me adaptaría a quedarme sentado en el banco. Ahora mi tarea es adiestrar al que no hizo bien su función. Soy político de los pies a la cabeza; por eso de mirar a alguien aprendí a conocer en qué está pensando. Más de una vez mis métodos me permitieron salvar, a tiempo, a muchachos que no recibían buenas influencias. En los últimos años he fortalecido la psicología del valor. Con personas valientes nada está perdido.

Tres jugadas que le narra a sus hijos peloteros.

-La que anclé en el plato, desde segunda, contra Canadá. Las veces que me robé el home y el jonrón que conecté frente a los americanos, en la séptima entrada, durante la Olimpiada de Barcelona. Les digo además que no dejen que nadie les cambie su manera de pensar.

La que no desea ellos repitan.

-La de Edmonton en 1981, cuando me sorprendieron en primera. Allí me faltaban topes y sabiduría. Con los años asumí que a las derrotas, obligatoriamente, tienes que sacarle provecho.

¿Por qué el retiro?

-Aún continúo preguntándome cuales fueron las causas que motivaron que varios atletas dijéramos adiós de esa manera. No concienticé nunca aquella decisión porque estaba entero.

¿Qué sueño le falta por hacer realidad?

-Lo principal es continuar asesorando a los más bisoños. Para mí donde quiera que haya béisbol existe una fiesta. Tengo la seguridad de que ganaremos una edición del Clásico Mundial.

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